“Cuando la autoridad se ejerce según el modelo de Cristo, ambos cónyuges experimentan felicidad y satisfacción. Que las esposas estén en sujeción a sus esposo como al Señor, porque el esposo es cabeza de su esposa como Cristo también es cabeza de todos”.
Como cabeza de la esposa el hombre tiene que dirigir a la familia y la esposa ha de respetarlo y seguir su dirección. Con todo esto ¿Tendrá la mujer que ser completamente pasiva por el hecho de estar en sujeción?
Cuando en el matrimonio hay amor, no importa quién tiene el mando o quién debe obedecer. El machismo o feminismo no se debe manifestar ni en su más mínimo nivel. La esposa tiene que ser como “Socia” de su esposo y merece un sitio de honor. Tiene el derecho y el deber de aportar ideas valiosas en cuanto a las decisiones familiares y tiene cierto grado de autoridad para encargarse de muchos asuntos de la casa.
Se trata pues de un trabajo en conjunto, un esfuerzo que demanda el ánimo de los esposos. Porque todos los beneficios que se pueden lograr, son un fruto productivo. Del cual solo gozarán sus fundadores y sus descendientes: los esposo, los hijos, los nietos, etc. Una empresa, que aunque puede ser la más difícil de llevar a cabo, trae gratos momentos felices. Una felicidad que no se puede encontrar en otro lugar y de otra manera.
Por último, los cónyuges que cumplen con sus funciones respectivas y siguen las normas divinas, no solo por su utilidad, sino por respeto a Dios, reciben su favor y apoyo. Dios estableció al matrimonio como algo íntegramente importantísimo para la persona. Todos estamos llamados a este paraíso, pero solo el que quiere y el que es capaz de luchar, recibirá una inmensa lluvia con granizos de felicidad y mucho amor.
Por Priscila Guerra Lamadrid.

muchas veces el esposo quiere ejercer dominio sobre la esposa utiliza la autoridad como escusa para hacer que ella haga lo que el quiera sin importarle lo que ella piensa eso es abuso de autoridad