“El hombre tiene regocijo en la respuesta de su boca, y una palabra a su tiempo apropiado, ¡oh, cuán buena es!”. (Proverbios 15:23)
“¡Mis padres no me entienden!”, “No entienden cómo me siento” “¿Por qué me preguntan cosas que no me interesan?”… Son Típicas quejas que pronuncian los jóvenes de hoy, al sentirse desplazados e incomprendidos por los adultos.
Un diccionario define tacto como la “habilidad para intervenir en asuntos delicados o para tratar a personas en situaciones comprometidas sin ofenderlas”. Esta palabra alude también al tacto. Tal como los dedos sensibles perciben si algo es pegajoso, suave, liso, caliente o peludo, la persona que obra con tacto percibe los sentimientos de otras personas y cómo sus palabras y acciones influyen en ellas. Pero para proceder así se necesita no solo habilidad, sino también el deseo sincero de no herir a los demás.
Por un lado, actuar con tacto quiere decir que yo, dé una respuesta en la que vaya mi decisión como una persona completa en mi respuesta frente a situaciones inesperadas.
En la interacción humana el tacto se muestra activo frente a situaciones emocionales, receptivas y conscientes.
Por otro lado, siempre debemos ser bondadosos con la gente, pues desconocemos sus verdaderos sentimientos. Tenemos que estar al tanto de cualquier indicio de lo que siente una persona, a fin de responder con palabras y hechos bondadosos. ¿Cómo podemos mejorar al respecto?
Comprendamos los sentimientos ajenos; nosotros podemos aprender a percibir los sentimientos de las otras personas y luego ayudar a otros a hacer lo mismo.
Los padres deben enseñar a sus hijos a cultivar compasión, pues esta actividad los impulsará a actuar con tacto.
Seamos compresivos; el tacto reviste especial importancia cuando se tiene una queja contra alguien, pues en tales circunstancias es muy fácil herir su dignidad. En vez de criticar, concentrémonos en resolver el problema. Expliquemos cómo nos afectan las acciones de las personas y los cambios que nos gustarían ver. Entonces estemos dispuestos a escuchar.
Seamos cuidadosos y prudentes al hablar; el tacto incluye ser bondadoso y reconocer lo que no conviene decir. Es necesario ser prudente en toda circunstancia, lo que significa que debemos pensar y actuar de manera inteligente, de tal forma que la otra persona no se intimide ante algún comentario nuestro.
El habla que sana; aprender el arte de hablar con tacto contribuirá a que tengamos buenas relaciones con los demás, incluso cuando alguien malinterprete nuestros motivos y esté amargado o resentido.
Siempre procuremos pensar en cómo nuestras palabras afectarán a los demás y podremos tratar a las personas de la misma forma en que nos gustaría que sea el trato con nosotros.
Por Gabriela Rodríguez.

